Marta andaba casi a cámara lenta por una Zaragoza muy ruidosa, llena de tráfico, ajetreo y historias de rutina y monotonía. En su cara pálida descansaba un rostro neutro que casi daba miedo. Pero nadie lograba darse cuenta de su aspecto desolado, ni una mirada tenía un segundo de tiempo que dedicarle a ella. Sus brazos escuálidos terminaban en los bolsillos de su chaqueta rota, sus piernas de alambre la llevaban de aquí para allá sin aparente rumbo fijo. Su cabeza se alzaba desafiante y sus ojos negros se perdían constantemente haciéndola parecer una zombie.
Julián era un chico listo, alegre, que justo hacía cinco minutos que había terminado sus clases en la Universidad y paseaba por las calles de su Zaragoza querida buscando un bar para comer. Le gustaba pasearse por todas las callezuelas que encontraba e inventarse historias que, según él, habrían podido pasar en esos lugares. Observaba con detalle cada balcón, cada baldosa fuera de sitio, cada luz de cada farola, pero no le gustaba demasiado fijarse en la gente que andaba esas calles, porque él no se fiaba ni un pelo de la gente, siempre engañando, siempre aparentando. Hasta que la vio a ella. Una chica pálida de mirada perdida, deambulando como quién sabe qué por las calles. Tejía, suavemente, una ola de oscuridad a su paso, lento pero firme, desengañado. A su alrededor un aura de niebla se alzaba para desdibujar lo que la rodeaba en cada momento. Julián abrió grandes los ojos y medio suspiró, quedando paralizado al ver que ese simple suspiro había valido para despertar a Marta de su aparente sueño despierto.
Alguien había entorpecido sus andares, sus pensamientos nulos. Una sensación le recorrió por el cuello al tener que parar sus pasos y darse la vuelta para encontrarse un mojigato cuatro ojos interrumpiéndola con un medio suspiro que retumbó por su cabeza como un martillo de obra.
"-Y en ese momento supe que debía matarlo, señoría."
divendres, 28 de setembre del 2012
dimecres, 26 de setembre del 2012
Écheme una mano (al cuello no, por favor).
Como no me des un poco de cuerda me quedo aquí, en el último punto y final que escribí. No me gustaría que esto terminara tan pronto, así que déjame que te cuente algo.
Déjame que te cuente cómo se vive siendo "algo", algo que anda de aquí para allá, que llega a casa y se ordena la habitación, que va a trabajar con una sonrisa siempre que puede, que estudia un poco cuando le da la gana, y que pierde el tiempo en cuanto no se da cuenta. Y eso da raaaaaabia, te lo aseguro. Te lo digo de primera mano. Y pienso, "ai, cómo escribías tú, que se te daba tan bien, que te gustaba tanto, que te leían y te emocionabas, que te recordaban por tus creaciones. Y mírate ahora, perra de sofá, mírate ahí tirada. ¿No te das pena? Haciendo nada, perdiendo horas de tu humilde vida como cualquier cosa menos escritora. ¡Qué lástima! Diría la abuela si algún día te hubiese leído. Qué lástima y qué disgusto. Tú que solías distraerme en el autobús, que me saturabas de información cuando imaginabas cada detalle de cada una de las vidas que deambulaban por las calles públicas. Tú que me hacías cantar e iluminarme con cada una de tus brillantes ideas. Que me contabas cuentos en la ducha cuando nadie nos escuchaba. Cuando me tenías a mí." Y así se las pasa mi pequeño creador, que va quedando reducido a casi nada con el paso de los días. Y me come por dentro. Y me hierve por dentro. Me obliga a sentarme frente al ordenador, criando una panza de tres pares de narices y un trasero de plaza de toros, total, para perder más el tiempo. Y me lleva hasta este mi rincón y me recuerda que ya no hay nadie que se interese por lo que digo. Que no existe una sola persona en el mundo a quien le importe lo que diga. Y me hace sentir fatal.
Y lo intento, de verdad, no te creas que me parece divertida la situación. Me parece ridícula. Así que vamos a sacar esto adelante. Que nos importa una mierd* que a nadie le importen nuestras historias, que seguiré recogiendo apuntes en el autobús por la mañana, tomando nota en el móvil de los pasos desordenados de la gente en clase, de los gritos de los niños en el parque. Que seré feliz viéndome reflejada en cada uno de mis proyectos. Basta ya. *tacos, tacos, tacos diversos*
Déjame que te cuente cómo se vive siendo "algo", algo que anda de aquí para allá, que llega a casa y se ordena la habitación, que va a trabajar con una sonrisa siempre que puede, que estudia un poco cuando le da la gana, y que pierde el tiempo en cuanto no se da cuenta. Y eso da raaaaaabia, te lo aseguro. Te lo digo de primera mano. Y pienso, "ai, cómo escribías tú, que se te daba tan bien, que te gustaba tanto, que te leían y te emocionabas, que te recordaban por tus creaciones. Y mírate ahora, perra de sofá, mírate ahí tirada. ¿No te das pena? Haciendo nada, perdiendo horas de tu humilde vida como cualquier cosa menos escritora. ¡Qué lástima! Diría la abuela si algún día te hubiese leído. Qué lástima y qué disgusto. Tú que solías distraerme en el autobús, que me saturabas de información cuando imaginabas cada detalle de cada una de las vidas que deambulaban por las calles públicas. Tú que me hacías cantar e iluminarme con cada una de tus brillantes ideas. Que me contabas cuentos en la ducha cuando nadie nos escuchaba. Cuando me tenías a mí." Y así se las pasa mi pequeño creador, que va quedando reducido a casi nada con el paso de los días. Y me come por dentro. Y me hierve por dentro. Me obliga a sentarme frente al ordenador, criando una panza de tres pares de narices y un trasero de plaza de toros, total, para perder más el tiempo. Y me lleva hasta este mi rincón y me recuerda que ya no hay nadie que se interese por lo que digo. Que no existe una sola persona en el mundo a quien le importe lo que diga. Y me hace sentir fatal.
Y lo intento, de verdad, no te creas que me parece divertida la situación. Me parece ridícula. Así que vamos a sacar esto adelante. Que nos importa una mierd* que a nadie le importen nuestras historias, que seguiré recogiendo apuntes en el autobús por la mañana, tomando nota en el móvil de los pasos desordenados de la gente en clase, de los gritos de los niños en el parque. Que seré feliz viéndome reflejada en cada uno de mis proyectos. Basta ya. *tacos, tacos, tacos diversos*
dimarts, 18 de setembre del 2012
Frágiles.
Somos frágiles.
Sometemos nuestros cuerpos a sobredosis de emoción y distancias (largas) que nos matan (lento).
No tenemos tiempo. No tenemos tiempo.
Sometemos nuestros cuerpos a sobredosis de emoción y distancias (largas) que nos matan (lento).
No tenemos tiempo. No tenemos tiempo.
Zahara - Frágiles.
dilluns, 17 de setembre del 2012
Everything is gonna be allright.
És estrany que no vinguis amb talons,
preciosa. És estrany el teu somriure en una nit de Sant Joan confosa, on tu ets
el centre i la primera de la sala. La llum que incita els altres que surtin a
ballar. Sempre nedant en un mar de cors, però mai saps aturar-te i escollir.
Princesa d’ulls vermells que recorres el meu cos amb els dits, sutilment.
Sabent on començar i on parar. Sabent com fer-me caure dins la teva teranyina
de serp virtuosa. I jo també ballo al racó de la pista eclipsat de la teva llum
màgica que ens fa rodar i rodar com ninots de circ.
Dins el teu perfum que fa que entrem i sortim
amb el teu vaivé. Fent veure que tu ets quelcom normal i amagant-te entre fums
aliens. Vull penedir-me però de moment m’encanta.
diumenge, 16 de setembre del 2012
Going back in time.
Todos deberíamos conservar nuestra alma de niños. Esa ilusión por volver a la rutina, a la escuela. Esos ojos encendidos ante una piruleta, ese perdón de un abrazo y esas tonterías que se olvidan al minuto. Todos deberíamos ser niños encerrados en cuerpos de adulto, y vivir al día, sin pensar en mañana, sin pensar en las consecuencias.
Pero luego, tocando con los pies en el suelo, pensamos en todos aquellos que han seguido siendo niños. Y en sus terribles fracasos hacia la felicidad. Algunos confunden ser niños con ser tontos, otros con ser inocentes, o buenos. El caso es que muchos han arruinado sus vidas por ir como cabecitas locas, y lo peor es que han arruinado vidas ajenas. Pero tú sabes de qué te hablo. Podemos ser chicas serias cuando vamos a una entrevista de trabajo, en horario escolar y laboral (por supuesto), y si me apuras en los sitios públicos y en situaciones socialmente "correctas". Pero rétame en la intimidad, corramos por las calles antes de que cierre el quiosco de la esquina, regálame una piruleta. Juega conmigo a ser piratas en la ducha, a saltar por el trampolín en la piscina, a bailar hasta enfermar con las farolas del parque. A saltar charcos y a sonreír bajo la lluvia, empapadas.
Nadie va a pensar que estamos locas, sólo que seguimos siendo como niñas. Y lo mejor de todo es que aquel que va a estar mirándonos deseará ser nosotras por un instante y sentirse bien, feliz, sabiendo que todavía se acuerda de ser un niño.
Pero luego, tocando con los pies en el suelo, pensamos en todos aquellos que han seguido siendo niños. Y en sus terribles fracasos hacia la felicidad. Algunos confunden ser niños con ser tontos, otros con ser inocentes, o buenos. El caso es que muchos han arruinado sus vidas por ir como cabecitas locas, y lo peor es que han arruinado vidas ajenas. Pero tú sabes de qué te hablo. Podemos ser chicas serias cuando vamos a una entrevista de trabajo, en horario escolar y laboral (por supuesto), y si me apuras en los sitios públicos y en situaciones socialmente "correctas". Pero rétame en la intimidad, corramos por las calles antes de que cierre el quiosco de la esquina, regálame una piruleta. Juega conmigo a ser piratas en la ducha, a saltar por el trampolín en la piscina, a bailar hasta enfermar con las farolas del parque. A saltar charcos y a sonreír bajo la lluvia, empapadas.
Nadie va a pensar que estamos locas, sólo que seguimos siendo como niñas. Y lo mejor de todo es que aquel que va a estar mirándonos deseará ser nosotras por un instante y sentirse bien, feliz, sabiendo que todavía se acuerda de ser un niño.
divendres, 14 de setembre del 2012
El lugar donde viene a morir el amor.
Voy a llevarte a un lugar que puede que te guste y puede que odies. Querrás olvidarlo sin poder, soñándolo en tus más oscuras noches de invierno, también en las de verano. Intentarás recordar el camino para volver, inútil. Ninguno de tus esfuerzos bastarán entonces.
Es un lugar al que llevas o te llevan, al que arrastras o te arrastran. Es un lugar ténue y se desdibuja al pestañear. Es necesario que sepas algunas cosas sobre él para que no te pille desprevenido.
No podrás mirarlo fijamente, no te preocupes si sientes un temblor imparable en tus piernas, no van a parar por mucho que te esfuerces. Viste tus mejores galas, haz que se acuerde de ti si algún día tienes que volver, y rézale flojito y despacio que no sea cruel. Camina con precaución y no te olvides que los besos allí están prohibidos. Es EL LUGAR DONDE VA A MORIR EL AMOR, no lo olvides, no hay vuelta atrás.
Los susurros, las caricias, están permitidos sin exceso. Las flores... mejor que no las huela. Las terceras personas no implicadas sobran, pues será irreversible el efecto en ellas llegándoles a hacer creer que nunca vivieron eso. O que lo viven sin final.
Dependerá del amor que vaya a terminar el cómo se muestre. Puede ser gris y oscuro, o lleno de amapolas coronadas con un arcoiris. No se vale mentir, ni suplicar. No se vale llorar ni buscar unos hombros en los que derrumbarse. Tiene que quedar claro que es un lugar de paso. Nadie puede vivir allí, nadie. (Pero tú vives allí...) Lo mío es diferente. Está prohibido hablar de... mí.
Es un lugar al que llevas o te llevan, al que arrastras o te arrastran. Es un lugar ténue y se desdibuja al pestañear. Es necesario que sepas algunas cosas sobre él para que no te pille desprevenido.
No podrás mirarlo fijamente, no te preocupes si sientes un temblor imparable en tus piernas, no van a parar por mucho que te esfuerces. Viste tus mejores galas, haz que se acuerde de ti si algún día tienes que volver, y rézale flojito y despacio que no sea cruel. Camina con precaución y no te olvides que los besos allí están prohibidos. Es EL LUGAR DONDE VA A MORIR EL AMOR, no lo olvides, no hay vuelta atrás.
Los susurros, las caricias, están permitidos sin exceso. Las flores... mejor que no las huela. Las terceras personas no implicadas sobran, pues será irreversible el efecto en ellas llegándoles a hacer creer que nunca vivieron eso. O que lo viven sin final.
Dependerá del amor que vaya a terminar el cómo se muestre. Puede ser gris y oscuro, o lleno de amapolas coronadas con un arcoiris. No se vale mentir, ni suplicar. No se vale llorar ni buscar unos hombros en los que derrumbarse. Tiene que quedar claro que es un lugar de paso. Nadie puede vivir allí, nadie. (Pero tú vives allí...) Lo mío es diferente. Está prohibido hablar de... mí.
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