dimecres, 26 de febrer del 2014

Qui sóc?


Construcció del coneixement.
Expressió escrita.
Creixement personal. 
La meva motxilla.
Expressió musical.
L'esport.
Projectes de futur.

El meu ambient.


Aquesta sóc jo, la Nerea. 

Preneu-vos la llibertat de descobrir-me una mica més, si ho desitjeu, i no dubteu en comentar qualsevol aspecte que us sembli interessant. 

Compartim idees!

dijous, 20 de febrer del 2014

Poder permitirse cosas. Como ir a querer o correr a alguien.



Hoy me he permitido emocionarme con una canción. Las casualidades que mueven los hilos han querido que fuera nuestra segunda vez, y que me sintiera como en la primera. 

Me he permitido emocionarme y saber que sí, estoy viva. Con mi cuerpo y con mi cabeza, con mi exterior y mi interior, con lo bueno y con lo extraordinario. 

Las emociones existen, son tangibles, pero no tienen nombre. Yo sólo sé decir que estoy feliz cuando what I really want to mean is that estoy contenta, satisfecha, orgullosa, motivada, con metas y objetivos, con bases, con apoyos, con sustentos, con refuerzos morales muy grandes. Me siento acogida, un poco / bastante entendida, mimada, amada, recibiendo un buen trato de la gente de este mundo. Estoy muy bien. Me gustaría estar siempre así.

Me gustaría permitirme vivir más a menudo. Pero es época de retos, así que, voy a permitirme vivir más a menudo. As a fact.

dijous, 13 de febrer del 2014

Broccoli.

Se sorprendía cada vez que lo veía. Y cada vez veía algo diferente en él.

A veces tan disperso y distante, otras tan cercano y familiar.

Su ser se dividía en secciones que se entrelazaban en una forma fractal, con pequeñas variaciones pero siguiendo la composición de las demás. Las partes formaban el todo, y el todo se podía ver reflejado en las partes. Parecía un puzzle que no terminaba nunca, con tantas piezas y de tantas formas distintas, pero que encajaban sin querer a cada pestañeo. 

De lejos, una ciudad, grande, con sus barrios mediocres y sus barrios grandes y bonitos.
De lejos, una montaña sin punta alguna, como si un gigante le hubiera sacado la tapa a su cantimplora.
De lejos, sueños despedazados dormitando en morfina permanente.

De cerca, irregularidades naturales.
De cerca, sencillez mecánica, robótica.
De cerca, montones de nada que comprendían un todo.

Se refugiaba en la idea que todo aquello era una obligación, pero ni se imaginaba que los hilos del destino y que su propio ser interior creciente a pasos imparables le habían llevado hasta él en una terrible danza mortal. Pero daba igual, lo miraba con recelo pero con ansia. Deseaba más, siempre quería más. Su exigencia voraz pretendía hacer miles como él bajo diferentes formas, bajo diferentes nombres. Quería que fueran inseparables sin conocerse jamás, lograr lo que muchos logran día a día con semejante responsabilidad. 

No sé si iban a creer que sus creaciones eran fruto de su marca propia, de su estilo que flotaba a su alrededor por dónde quiera que pasara. El aire se respiraba tenso, y los parpados temblaban al ritmo del corazón de sus pequeñas criaturitas.

dissabte, 1 de febrer del 2014

Octubre.

Habían estado fingiendo durante toda la cena. Se miraban, sonreían, hablaban sobre qué rico estaba todo y sobre otros temas que no les interesaban para nada. A ninguno de los dos. Pero no importaba porque seguían sonriéndose, sabían qué pensaba el otro, y nada más. 

Terminaron la cena, ella invitó, y se fueron de la mano. La verdad es que estaba preciosa y parecía que se habían puesto de acuerdo para combinar el color de su falda y el de la camisa de él. Pero no sólo se habían puesto de acuerdo en eso. Salieron del restaurante y se abrazaron, cómplices ante las miradas de los transeúntes, mientras caminaban hacia un mismo destino. Les esperaba su vehículo viejo pero espacioso, y nada más entrar estuvieron de acuerdo en que hacía demasiado frío para estar en el octubre de una ciudad como esa. Conectaron la radio, demasiado alta, ahogando sus risas. Conectaron también la calefacción, y estudiaron la geografía de los alrededores buscando un lugar para parar el coche. Sin duda estaba todo más que planeado, la primera propuesta llegó deprisa y se fue modificando mientras avanzaban por aquellas calles sin apenas edificios, pero con demasiadas farolas para su gusto. Sonreían y cantaban a tiempos parecidos. Él vislumbró un parking de cemento, detrás de el cual había un pequeño descampado enfangado. Se adentraron en él por el único sitio que podían hacerlo, ya que a lado y lado del coche sólo había agua y barro. Cuando no pudieron seguir más adelante, él puso el freno de mano.

Un ínfimo segundo bastó para entenderse. Para encontrar sus labios, nerviosos por ese encuentro, juguetones e impacientes. Se besaban despacio pero con ganas. La luz de una de las farolas cercanas reflejaba la sombra de sus pestañas en la piel del otro, temblando. Ella le acariciaba el cuello, mientras sus lenguas jugaban al corre que te pillo, y el empezó a deslizar su mano por debajo del abrigo. Besos, caricias, un ritual que conocían a la perfección. Él jugó a desabrochar: abrigo, sujetador. Ella se dejaba hacer mientras intentaba soltar la presa del bajo-vientre contrario. Cada vez más cerca pero todavía separados por un abismo entre los dos asientos. Él tomó la iniciativa y pasó a la parte trasera, ayudándola a ella y recibiéndola en sus brazos. Demasiado cerca pero no lo suficiente, una barrera terrible de ropa todavía seguía entre ellos.

Él recorría su cuello mientras se dejaba desnudar, los zapatos quedaron olvidados en los asientos delanteros y los abrigos los espiaban sobre los reposa-cabezas. Se erizó su piel en cuanto empezó a acariciarle directamente, sin interrupciones, sin límites. Ella se acostó suavemente y el se incorporó a su lado, haciéndola temblar. 

(...)

Un estremecimiento de la luna los hizo vibrar, al mismo son, dentro de esa chapa rojiza. Acariciaban su piel desnuda y abrían por fin los ojos, esperando encontrarse en las pupilas del otro. El pelo de ella quedaba ahora mal recogido, y los dedos de los pies de él se abrían y cerraban suavemente. 

(...)

Llegaron tarde a casa, en el ascensor ella se peinó y él se arregló la camisa. Cuando abrieron la puerta se fueron cada uno a su habitación, pero no pudieron evitar despertar juntos al darse cuenta de que esa noche los padres de ambos no estaban en casa.