dimecres, 29 d’agost del 2012

Describirte (todavía es tu cumpleaños).

No sé si tienes miedo cuando estás a oscuras y solo en casa, pero creo que entonces te gustaría poder subirte al tejado de tu casa para mirar las estrellas. No sé si cantarás en la ducha, pero sé que lo haces bajito en cualquier autobús y que susurras a las calles de tu ciudad mil poemas inaudibles. No sé si te gusta llevar reloj o si prefieres dominar tú mismo las horas, pero creo recordar que te muerdes las uñas cuando debes seguir unas franjas horarias que tú no has impuesto. No creo que te guste andar derecho y chulear por la calle, pero cuando nadie te ve te conviertes en el rey del mundo, medio bailando a cada paso, medio sonriendo a cada pájaro.
Conocerás a mucha gente, como todos, supongo, pero pocos van a conocerte a ti. Yo no te conozco. Y sabes de sobras que me encanta(ba) conocerte. Entre susurros, entre clase y clase, entre tus poemas y tus frases.

Yo corro, ¿sabes? Corro cuando estoy sola en casa y enciendo todas las luces a mi paso para no estar a oscuras. Me cuesta dormir porque tengo mucho mucho miedo. Me gustaría tener un tejado donde subirme a mirar las estrellas y quizás me aficionaría a la astronomía y superaría mi vértigo (pequeñito) a las alturas. Canto en la ducha, muy mucho, aborrezco a mis vecinos. Susurro por las calles cuando llevo la música retumbando en mis oídos. Les cuento historias a las paradas de autobús. Invento figuras desviando la mirada rápidamente de los ojos de quienes osan mirarme a los ojos. Me gusta llevar reloj y me esmero en no llegar tarde, aunque no lo parezca. Y me gustan los horarios por tiempo limitado, teniendo espacios que rellenar con el no-tengo-nada-que-hacer. He conseguido dejar de morderme las uñas (¡por fin!) y ando tímida por las calles de donde sea.
Conozco a mucha gente, como todos, supongo, pero pocos pueden conocerme a mí. Tú no me conoces. Y sabes de sobras que me encanta(ba) que me conocieras. Entre susurros, entre clase y clase, entre mis dibujos y mis sonrisas.


Per molts anys, Locura.

Plaers.



Los placeres de la vida son muchos, demasiados, ya que cada cual elige unos cuantos y los hace suyos. Y lucha por conseguirlos, por dedicarse a ellos, por vivir con ellos y hasta mata por saborearlos una vez más. Mis pequeños placeres, como me gusta llamarlos, son piezas de un puzzle. Una pieza sería leer, otra escribir, otra la música, las películas, mi hermana, mis padres, mis amarillos (léase "El mundo amarillo" de Albert Espinosa) y después están ellos. Que diga después no es que estén en el último lugar de mi lista, porque un puzzle no está completo sin todas sus piezas, y ellos son una pieza clave.
Somos un equipo y nos gusta jugar así con la vida. Nos gusta desafiarla para luego disfrutarla con más intensidad. Nos gusta ir a correr por la montaña y escaparnos un poquito de la ciudad que nos espera al caer la noche.
No importa cuánto tiempo haya pasado desde nuestra última escapada, lo que importa es saber que esta no va a ser la última, ni mucho menos.

dimecres, 22 d’agost del 2012

Escribir.

Me gusta escribir para alguien que me gusta, para alguien que se lo merece. Para aquellas personas que tienen mucho dentro y que quizás a veces no saben sacarlo. Estoy feliz y estoy contenta. Y estoy bien, que al fin y al cabo es lo que cuenta.

dijous, 2 d’agost del 2012

Ganas de (sobre)vivir.

Digerir resignación.

Tragar, tragar sin apenas morder ni masticar.

Limitarse a no contestar ante una negación tras otra y ver cómo tu segundo plano retrocede gradualmente. Tercero, cuarto. Y tener miedo a no volver a existir jamás. A desaparecer. Sentirte empequeñecer frente a los gigantes mundos de aquellos que te rodean. Sin un segundo para dedicarte un triste Ei, ¿cómo te va? Sin medio segundo para una mirada, aunque sea, vacía.

Todo resbala arrastrado por una lluvia torrencial que arrasa incluso con aquello que no se ve. Le pido muchos deseos a esa lluvia de agua fresca, pero arrasa. Helada y cruel. Consigue vaciar mis ojos de preguntas y me deja con la mente en blanco al menos por un rato. Pero el rato termina y...





sin querer, sigo aquí. Digiriendo.