divendres, 28 de setembre del 2012

Culpable.

Marta andaba casi a cámara lenta por una Zaragoza muy ruidosa, llena de tráfico, ajetreo y historias de rutina y monotonía. En su cara pálida descansaba un rostro neutro que casi daba miedo. Pero nadie lograba darse cuenta de su aspecto desolado, ni una mirada tenía un segundo de tiempo que dedicarle a ella. Sus brazos escuálidos terminaban en los bolsillos de su chaqueta rota, sus piernas de alambre la llevaban de aquí para allá sin aparente rumbo fijo. Su cabeza se alzaba desafiante y sus ojos negros se perdían constantemente haciéndola parecer una zombie.


Julián era un chico listo, alegre, que justo hacía cinco minutos que había terminado sus clases en la Universidad y paseaba por las calles de su Zaragoza querida buscando un bar para comer. Le gustaba pasearse por todas las callezuelas que encontraba e inventarse historias que, según él, habrían podido pasar en esos lugares. Observaba con detalle cada balcón, cada baldosa fuera de sitio, cada luz de cada farola, pero no le gustaba demasiado fijarse en la gente que andaba esas calles, porque él no se fiaba ni un pelo de la gente, siempre engañando, siempre aparentando. Hasta que la vio a ella. Una chica pálida de mirada perdida, deambulando como quién sabe qué por las calles. Tejía, suavemente, una ola de oscuridad a su paso, lento pero firme, desengañado. A su alrededor un aura de niebla se alzaba para desdibujar lo que la rodeaba en cada momento. Julián abrió grandes los ojos y medio suspiró, quedando paralizado al ver que ese simple suspiro había valido para despertar a Marta de su aparente sueño despierto.


Alguien había entorpecido sus andares, sus pensamientos nulos. Una sensación le recorrió por el cuello al tener que parar sus pasos y darse la vuelta para encontrarse un mojigato cuatro ojos interrumpiéndola con un medio suspiro que retumbó por su cabeza como un martillo de obra.

"-Y en ese momento supe que debía matarlo, señoría."

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