Abrió el ordenador para quedarse frente a él, perpleja. Ese día no tenía nada que hacer. A lo mejor algún trabajo para el colegio, o quizás debía estudiar o leer un poco, todo irrelevante. Oía música, porque en realidad no la estaba escuchando, y surfeaba por la Red sin rumbo ni timón.
La silla la engullía suavemente y el tiempo se clavaba en sus uñas y permanecían, así, los dos inmóviles. Torcía levemente la cabeza hacia su derecha hasta tocar su oreja con el hombro y volvía a enderezarse una y otra vez. Su espalda era un charco de sudor frío. Se le habían dormido los pies y el alma, y le dolían las rodillas de estar mal sentada.
-Socorro, auxilio. - Su yo interior golpeaba sus costillas - ¿Hay alguien ahí?
La única respuesta obtenida fue un mechón cambiando de sitio por la ley de la gravedad.
Automáticamente, como si de un robot se tratara, se levantó y salió decidida al balcón. No encendía las luces a su paso, algo la guiaba pasillo arriba, comedor, puertas del balcón. El frío de la calle y la brisa de la noche le recorrieron el cuerpo, le sentaron como dos manotadas a bocajarro y del impulso levantó ambos brazos. Cuando, supongo, creyó que estaba suficientemente helada entró de nuevo al comedor dejando la puerta abierta para que las cortinas pudieran bailar. Subió al sofá de un salto y empezó un curiosos recorrido. Con cada paso su yo interior se apaciguaba. Iba de una punta a otra del sofá, se subía a la mesa auxiliar y saltaba al sillón, siempre sin tocar el suelo. Hizo ejercicios propios de una clase de gimnasia encima de la mesa "toco el cielo, toco el suelo, toco el cielo, toco el suelo", repetía.
Echó a correr y entró en la habitación vacía y oscura. Como si huyera de algo, cerró esa puerta y corrió de nuevo para encerrarse en el baño. Puso ambos pies en la bañera y se puso en remojo con agua fría, empapando el pijama y las zapatillas. Anduvo lentamente hacia la habitación de invitados escuchando como el agua inundaba el cuarto de baño. Sus huellas se dibujaban hasta encima de la cama. Subió de un salto y ya no pudo parar su inercia. Saltaba mientras se deshacía de su ropa empapada, tiritando.
Cuando llegué estaba desnuda sobre la lavadora encendida. Un vídeo en la televisión de la cocina se repetía una y otra vez, en cuanto terminaba volvía a empezar, como un ciclo vicioso. Era ella misma. Siendo ella misma. Realizándose y saltando sobre la cama, corriendo por el pasillo, tiritando en el balcón.
ERA MI CHICA.
dimarts, 14 de febrer del 2012
dijous, 9 de febrer del 2012
♂ ♀
♂ El autobús había arrancado y yo me había quedado perplejo. Como un tonto en medio de la marea de gente que me empujaba aquí y allá pero no conseguía moverme de allí donde me había parado. Había intentado esbozar una sonrisa, que había conseguido aparecer tímidamente en la comisura de mis labios, pero se había ido pudriendo a base de segundos, de instantes. Se había podrido con el humo que dejó el autobús al arrancar. No tenía frío, ni calor. No pensaba en nada. Por un momento me sentí budista en el estado más elevado del éxtasis, del nirvana. Pero era un nirvana sucio y tenue que mucho distaba de la felicidad absoluta.
♀ Tenía que bajar de ese autobús, fuera como fuese. Me levanté de un salto recuperando así mi cuerpo toda su vitalidad, la señora que tenía delante se asustó por mi efusividad. Sin darme cuenta había empezado a reírme, y lo hacía con ganas, como una niña pequeña que ha roto un jarrón y lo esconde bajo su cama para que los monstruos se corten. Le di al botón de STOP rojo más cercano que tenía y me dirigí a la puerta trasera para salir de ahí antes que nadie, rezando porque ese chico no se hubiera ido de la estación.
♂ No terminaba de tocar con los pies en el suelo, había empezado a elevarme por encima de todas aquellas cabezas que corrían a mi alrededor, como en una danza mortal, y mi pecho estallaba de no respirar. Los párpados caían y los zapatos se habían desprendido de mis pies.
♀ Empecé a correr recordando viejos tiempos, recordando aquellas carreras que había ganado en el colegio de pequeña, dosificando el aire de mis pulmones, sintiendo fuego en mis tobillos. De pronto me paré y vi algo que me sorprendió.
♂ De pronto me paré, toqué el suelo levemente, abrí los ojos. Y allí había alguien que me sorprendió.
♀ Caminé hacia él.
♂ Caminé hacia ella. Empecé a correr.
♀ Empezó a correr y se paró a tres susurros de mí.
♂ Le pregunté ¿quién eres?
♀ Le dije que era a quién había estado esperando todo ese tiempo. Y no me hizo falta preguntarle quién era él.
-Ese día había en la estación dos personitas flotando encima de todos los que estábamos allí. Bailábamos para ellos una danza mortal, una danza mortal de amor, de misterio, de pasión. Dos cuerpos, de los cuales salieron dos pequeñas almas, que se entrelazaron, que se volvieron una. Alma se fue correteando escaleras arriba, mientras los cuerpos caían inertes frente a nosotros.
Él subió escaleras arriba.
Ella esperó en la parada del autobús.
Quién sabe si volvieron a encontrarse jamás.
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