Voy a llevarte a un lugar que puede que te guste y puede que odies. Querrás olvidarlo sin poder, soñándolo en tus más oscuras noches de invierno, también en las de verano. Intentarás recordar el camino para volver, inútil. Ninguno de tus esfuerzos bastarán entonces.
Es un lugar al que llevas o te llevan, al que arrastras o te arrastran. Es un lugar ténue y se desdibuja al pestañear. Es necesario que sepas algunas cosas sobre él para que no te pille desprevenido.
No podrás mirarlo fijamente, no te preocupes si sientes un temblor imparable en tus piernas, no van a parar por mucho que te esfuerces. Viste tus mejores galas, haz que se acuerde de ti si algún día tienes que volver, y rézale flojito y despacio que no sea cruel. Camina con precaución y no te olvides que los besos allí están prohibidos. Es EL LUGAR DONDE VA A MORIR EL AMOR, no lo olvides, no hay vuelta atrás.
Los susurros, las caricias, están permitidos sin exceso. Las flores... mejor que no las huela. Las terceras personas no implicadas sobran, pues será irreversible el efecto en ellas llegándoles a hacer creer que nunca vivieron eso. O que lo viven sin final.
Dependerá del amor que vaya a terminar el cómo se muestre. Puede ser gris y oscuro, o lleno de amapolas coronadas con un arcoiris. No se vale mentir, ni suplicar. No se vale llorar ni buscar unos hombros en los que derrumbarse. Tiene que quedar claro que es un lugar de paso. Nadie puede vivir allí, nadie. (Pero tú vives allí...) Lo mío es diferente. Está prohibido hablar de... mí.
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