dimecres, 17 d’octubre del 2012

Espérame.

Es curioso como las mejores ideas aparecen en las noches que no tienes sueño, pero justamente cuando ya estás metidita en tu cama y bien tapada hasta las orejas. Cuando has encontrado la postura perfecta, mil ideas invaden tu mente como si de flashes se tratara. Eso mismo me pasó anoche. Empecé a visualizar una película un tanto extraña donde yo estaba en mi pupitre escribiendo, como antaño, y entonces la cámara de mi pequeña película empezó a usar un extra zoom que reflejó dentro de las letras, cada vez más grandes, dibujitos y formas animadas.

Ahí empezaba lo bueno.

Dos bebés abandonados a los pies de un orfanato chino. Un niño y una niña que crecían entre pequeñeces, corazones estrechos y reglas muy estrictas. Dos hermanos que escaparon a medias del orfanato con un señor europeo ya un poco mayor.
Llegan los tres a España, el señor tiene en un hotel. Los chicos aprenden enseguida el oficio y se interesan por el amor que aquel hombre les brinda. Los chicos calientan las camas de los clientes cuando hace frío, para que se acuesten entre sábanas calentitas. Luego, cuando todos están acostados, se retiran a su dormitorio y duermen entre las sábanas que su nuevo papá ha calentado para ellos.

Y todo junto crea un ambiente de amor, respeto y magia digno de una novela de "largo alcance".
Y pienso, ¡ai! si tuviera tiempo.
Y caigo en que voy a sacar ese tiempo de donde sea. Y voy a traerte este cuento. A ti.

dimarts, 9 d’octubre del 2012

Hay maestros y maestros.

INGREDIENTS:

- 300 gr. d'imaginació
- 25 parells d'ulls observadors
- 50 mans amb ganes d'experimentar i a poder ser amb les ungles brutes de pintura o plastilina
- Eines variades i de colors vius: tisores, pintura, plastilina, fang, llapis de colors, pegament, retalls de premsa...
- 25 bates de ratlles verdes i blanques amb el nom brodat al pit
- Una classe de parets blanques d'hospital
- 3 cullerades de temps i paciència
- Diferents punts de vista i definicions de què és l'art


PREPARACIÓ:

Posem en un bol ben gran els 300 gr. d'imaginació, tenint en compte els 25 parells d'ulls observadors amb una ment inqueta darrera.
Les 50 mans amb ganes d'experimentar aniran afegint a poc a poc les eines que hem aconseguit: primer hi aboquem les més líquides i després les més pastoses i ho removem fins que ens quedi una massa més o menys homogènia.
Amb les 3 cullerades de temps i paciència final, deixem reposar la massa uns dos dies.
Durant aquests dos dies haurem de pensar molt en què és l'art per cadascun dels cuiners, i un cop la massa hagi reposat, utilitzarem aquesta imatge mental per fer-la viva i representar-la a les parets blanques de la nostra classe, així com també anirem tacant al gust les bates de ratlles i nom brodat.

dimecres, 3 d’octubre del 2012

Vísperas de escuela.

No queda nadie en clase. Mis compañeros han salido corriendo en sonar el timbre que nos daba libertad para ir al patio y la maestra me ha dado dos minutos para salir mientras se iba dispuesta a tomarse su café de media mañana. Siempre salgo la última y siempre me dan dos minutos, pero pasados esos minutos no aparece nadie que me obligue de alguna manera a salir al patio o a ir a la biblioteca. Así que como rito habitual ando silenciosa hasta el fondo de la clase y cuento las baldosas del suelo empezando por la pared de la derecha: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete. Mi corazón se detiene una milésima, recordándome la tensión del primer día al sacar esa baldosa, pensando que quizás alguien podría descubrirme. No vuelvo a la realidad hasta pasados unos segundos, convenciéndome a mí misma de que no va a venir nadie. Ya serena retiro la baldosa del suelo. Allí me espera, como siempre a esa hora, Maximílian, mi mascota.

Maximílian y yo nos conocimos en el patio un día que me tocaba educación física. La verdad es que a mí me gustaba la educación física, pero en cuanto me pusieron gafas y mis compañeros se dedicaron a hacer diana en ellas, dejó de gustarme al acto. Desde entonces buscaba esconderme del profesor, del cual casi siempre conseguía pasar desapercibida, y me sentaba en un rinconcito del patio. Allí simplemente no hacía nada, permanecía sentada y callada, aunque a veces tarareaba alguna canción de las que me canta mi mamá para ir a dormir, pero poca cosa más. No sé decirte si me aburría o no, estaba bien ver a los chicos de mi clase persiguiendo a las demás niñas con la pelota de fútbol llena de barro. Ellas hacían unos grititos muy graciosos y se limpiaban el pelo en la fuente de agua. Después llegábamos todos a clase y dejábamos el suelo perdido de barro seco bajo las mesas. El caso es que un día de esos algo me cosquilleaba la parte baja de la espalda, un poco por encima del pantalón y un poco por debajo de la camiseta. Creí que simplemente me picaba así que fui a rascarme y algo me mordió el dedo. Asustada y, por qué no, curiosa, me di la vuelta y me encontré un ratón chiquitito de color rosado, casi sin pelo. Pensé (yo soy mucho de pensar) que debía de haber nacido no hacía mucho, y que se había colado entre mi espalda y la pared para buscar cobijo.

No podía dejarlo allí, supongo que me comprendes. Así que me lo llevé a clase y lo tuve en el bolsillo de la bata toda la hora siguiente, hasta que llegó la hora del recreo y todos se fueron al patio. "-Dos minutos." Me dijo mi maestra, pero yo necesitaba algo más que eso para esconder a Maximílian. Paseando por la clase tropecé con la séptima baldosa empezando a contar desde la pared de la derecha, y con un poco de maña conseguí quitarla. Durante los días siguientes fui escarbando con lápices de colores el suelo de la clase, hasta tener la mansión lista para mi nuevo amigo.