dimarts, 24 d’abril del 2012

Tenemos todo el cielo para empezar de cero.

Habíamos empezado con mal pie. Cosas que suelen suceder cuando nos dejamos llevar por las primeras impresiones. El caso es que me pareció una chica horrible, egoísta y engreída. Como se nota que no sabíamos lo que nos esperaba.

El mundo estaba en sus últimas. Gritaba y luchaba contra si mismo buscando el botón de autodestrucción, agitándose aquí y allá, para que los hombres simplemente se quedaran maravillados haciendo fotos. Entonces un tsunami les parecía motivo de reportaje fotográfico.
Estúpidos. 


Marta me llamó porque había oído hablar de mis investigaciones. Aunque debo decir que por aquellos tiempos todos conocían mis investigaciones. 
Empecé escribiendo en el periódico de mi universidad, acaparando día a día más páginas. Creando mi propio periódico informativo en internet. Blogs, páginas web. La voz corría como la pólvora y mis estudios sobre el final de la Tierra así como la conocíamos estaban en boca de todos. Pero, por lástima, en cabeza de pocos. Nadie creía en mí, pensaban que me había dejado llevar por las predicciones inútiles de los mayas, que por lo visto tenían mucho tiempo libre y buena hierba para fumar. 
Pero estaban equivocados. Y Marta supo reconocer el error de todos ellos.


Yo también sabía quién era ella. Eran otros tiempos, los científicos estábamos más unidos que nunca y las conferencias se sucedían una tras otra en los congresos cada vez más habituales. La gente seguía embobada y preocupada por la mierda de crisis, pero poco querían escuchar sobre el que sería el fin de sus días. Lo que os iba diciendo, Marta también llevaba a cabo una investigación que cruzaba en muchos puntos la mía, así que decidió ver mis cartas y si nos apeteciera, supongo que trabajaríamos juntas.


Y allí estaba ella, con sus mallas negras que le marcaban todo el culo, su camiseta corta de marca, sus pendientes horribles y su peinado de Rotenmeyer. Pero lo que más odié a simple vista fue sin duda su acento tirando a británico forzadísimo debido, según decía, a sus años de estudio en el extranjero. ¿De verás ella creía que yo no había salido de España? Como si los estudios allí sirviesen para algo. Venga, por favor. Pero era nuestro primer día y todavía no tenía ganas de darle caña.


Discutimos mucho dentro del margen del respeto, y decidimos empezar a contrastar hipótesis, datos. El final de todo estaba cada vez más cerca, pero teníamos un plan B. Lástima que en ese plan sólo entráramos nosotras dos, pues supongo que algún millonetis nos hubiera hecho de oro por un solo pasaje en nuestro cohete. Pero, ¿qué coño iba a saber él de sobrevivir en el espacio?


Por suerte estuvimos a tiempo y pudimos ver lo hermosa que fue la (casi) extinción de la raza humana desde lejos. Cuánto bien había hecho el mundo consigo mismo, antes de que destrozaran también la Luna o Marte, quién sabe.


Salvé mi guitarra y mis cuatro trapos y fumándome el que deseaba que no fuera el último canuto de mi vida, le canté a mi asquerosa acompañante embarazada y con intenciones de fecundarme si encontrásemos refugio:


-Adiós a aquellas nubes grises que tapaban al Sol y estaba triste.
Adéu, no lo echaré de menos. Hemos quitado todo ese veneno.
Y ahora sí, tenemos todo el cielo para empezar de cero.
Rompiendo las tormentas y relámpagos que siempre caen tan cerca de aquí(...)

diumenge, 22 d’abril del 2012

Quién bien busca, encuentra.

Me he puesto la camiseta que tanto te gusta, la azul a rayas negras, y mis calzoncillos de la suerte. Me he entretenido atándome al cuello los collares de conchas que compramos en la playa y escogiendo con cuidado mis mejores vaqueros. La verdad es que no ha sido una decisión fácil, pues los únicos que no están rotos estaban sucios y hoy no quería pelearme con la lavadora. También he vuelto a ponerme el pendiente en la oreja, ese que tenemos igual, y una vez perfumado me he sentado aquí, delante del ordenador.

Mañana es Sant Jordi y yo ya no sé qué regalarte. 

Había pensado en darte un libro de cualquier librería, uno bonito, curioso, que te hiciera pensar, pero luego he caído en que a ti no te gusta demasiado leer, además estás muy ocupada con tus quehaceres diarios. 
Luego me he acordado de mi apuesta de lunático escritor del año pasado, esa en la que te retaba a escribir, y para que pudieras hacerlo, te regalé un libro en blanco. Y no funcionó porque... en blanco sigue. 
Tienes además la novela que escribí hace unos meses y que no te has leído, esa misma que sigue cogiendo polvo en tu estantería.
También había pensado en recoger algunos de mis microrrelatos y entregártelos a modo de librito de lectura diaria y constante, para que pudieras descubrirme un poco más e interesarte por mis historietas de tres al cuarto.

Pero nada de esto me ha convencido. 

Hoy, víspera de Sant Jordi, me he sentado frente al ordenador con mis mejores galas y tu perfume cerca para escribirte el poema más bonito que te pudieran regalar. 

dimecres, 18 d’abril del 2012

Quiéreme - Daniel Orviz (versión: Te quiero)

Te quiero.
Manifestándome de súbito
Chocando contigo como por arte de magia
en cualquier sala de música amena un viernes
Pidiéndote disculpas
e intentando romper el hielo casi ardiente
diciéndote una cosa atípica que consiga llamar tu atención
Casi obligándote a tomarte la penúltima
Escuchando tus teorías sobre el universo y el infinito
Y riéndome de tu convicción en tus palabras
Sorprendiéndome al valorarte como oferta de rebajas que sólo tienes en mano una vez en la vida
Y a partir de ahí, te quiero.
Te acompaño a tu triste y mágico habitáculo
Nos relajamos con la música que tu produces
De pronto, me abalanzo como bestia indomable
Nos mordemos, nos tocamos, nos gritamos
Permitiéndonos y aceptando todo como válido
Y sin parar hagámonos el amor
Hasta quedar sin voz,
hasta caer rendidos
Y al amanecer siguiente, te quiero.
Me uno a ti y generamos un caminar erráticamente perfecto
Descubriendo pastelerías golosas
Compartiendo películas
Celebrando aniversarios un año tras otro
Comprémonos una furgoneta
Viajemos, llenémosla de constelaciones por descubrir
y robémosle nueve horas periódicas a nuestras vidas
para hacer aquello que más nos gusta en el mundo.
Y mientras todo ocurre
Sólo quiéreme como te quiero a ti
Continuémos queriéndonos mientras pasan los años
Negándonos a ingresar en un hospital geriátrico
Inválidos pero libres
mirándonos sin más fuerza ni diálogo que el eco de nuestros corazones desbordantes.
Quiéreme para que pueda decirte cuando vea la sombra de mi urna insalubre:
"-Ojalá, ojalá como dijo aquel filósofo
el tiempo sea cíclico
y volvamos reencarnándonos en dos vidas diferentes-"
y cuando pueda en otro país con otro nombre de una noche de viernes como cualquier otra
tras chocarme contigo girándome te diga "Uy, perdóname!"
Hoy ruego a Dios que permita que recuerde en un futuro este deliroso cántico
y anticipándome pueda mirarte directo a los ojos
y conociéndolos muy bien
sabiendo qué vendrá en nuestras futuras esdrújulas
destrozando con tus ojos de un pisotón mi brújula.
Te diga sólo
Te quiero.

dimarts, 14 de febrer del 2012

Abrió el ordenador para quedarse frente a él, perpleja. Ese día no tenía nada que hacer. A lo mejor algún trabajo para el colegio, o quizás debía estudiar o leer un poco, todo irrelevante. Oía música, porque en realidad no la estaba escuchando, y surfeaba por la Red sin rumbo ni timón. 
La silla la engullía suavemente y el tiempo se clavaba en sus uñas y permanecían, así, los dos inmóviles. Torcía levemente la cabeza hacia su derecha hasta tocar su oreja con el hombro y volvía a enderezarse una y otra vez. Su espalda era un charco de sudor frío. Se le habían dormido los pies y el alma, y le dolían las rodillas de estar mal sentada. 
-Socorro, auxilio. - Su yo interior golpeaba sus costillas - ¿Hay alguien ahí?
La única respuesta obtenida fue un mechón cambiando de sitio por la ley de la gravedad. 


Automáticamente, como si de un robot se tratara, se levantó y salió decidida al balcón. No encendía las luces a su paso, algo la guiaba pasillo arriba, comedor, puertas del balcón. El frío de la calle y la brisa de la noche le recorrieron el cuerpo, le sentaron como dos manotadas a bocajarro y del impulso levantó ambos brazos. Cuando, supongo, creyó que estaba suficientemente helada entró de nuevo al comedor dejando la puerta abierta para que las cortinas pudieran bailar. Subió al sofá de un salto y empezó un curiosos recorrido. Con cada paso su yo interior se apaciguaba. Iba de una punta a otra del sofá, se subía a la mesa auxiliar y saltaba al sillón, siempre sin tocar el suelo. Hizo ejercicios propios de una clase de gimnasia encima de la mesa "toco el cielo, toco el suelo, toco el cielo, toco el suelo", repetía. 
Echó a correr y entró en la habitación vacía y oscura. Como si huyera de algo, cerró esa puerta y corrió de nuevo para encerrarse en el baño. Puso ambos pies en la bañera y se puso en remojo con agua fría, empapando el pijama y las zapatillas. Anduvo lentamente hacia la habitación de invitados escuchando como el agua inundaba el cuarto de baño. Sus huellas se dibujaban hasta encima de la cama. Subió de un salto y ya no pudo parar su inercia. Saltaba mientras se deshacía de su ropa empapada, tiritando.


Cuando llegué estaba desnuda sobre la lavadora encendida. Un vídeo en la televisión de la cocina se repetía una y otra vez, en cuanto terminaba volvía a empezar, como un ciclo vicioso. Era ella misma. Siendo ella misma. Realizándose y saltando sobre la cama, corriendo por el pasillo, tiritando en el balcón.


ERA MI CHICA.

dijous, 9 de febrer del 2012

♂ ♀


♀ En cuanto perdí sus ojos de vista, esa media sonrisa escondida, supe que lo último que debía hacer era seguir entumecida.

♂ El autobús había arrancado y yo me había quedado perplejo. Como un tonto en medio de la marea de gente que me empujaba aquí y allá pero no conseguía moverme de allí donde me había parado. Había intentado esbozar una sonrisa, que había conseguido aparecer tímidamente en la comisura de mis labios, pero se había ido pudriendo a base de segundos, de instantes. Se había podrido con el humo que dejó el autobús al arrancar. No tenía frío, ni calor. No pensaba en nada. Por un momento me sentí budista en el estado más elevado del éxtasis, del nirvana. Pero era un nirvana sucio y tenue que mucho distaba de la felicidad absoluta. 

♀ Tenía que bajar de ese autobús, fuera como fuese. Me levanté de un salto recuperando así mi cuerpo toda su vitalidad, la señora que tenía delante se asustó por mi efusividad. Sin darme cuenta había empezado a reírme, y lo hacía con ganas, como una niña pequeña que ha roto un jarrón y lo esconde bajo su cama para que los monstruos se corten. Le di al botón de STOP rojo más cercano que tenía y me dirigí a la puerta trasera para salir de ahí antes que nadie, rezando porque ese chico no se hubiera ido de la estación. 

♂ No terminaba de tocar con los pies en el suelo, había empezado a elevarme por encima de todas aquellas cabezas que corrían a mi alrededor, como en una danza mortal, y mi pecho estallaba de no respirar. Los párpados caían y los zapatos se habían desprendido de mis pies. 

♀ Empecé a correr recordando viejos tiempos, recordando aquellas carreras que había ganado en el colegio de pequeña, dosificando el aire de mis pulmones, sintiendo fuego en mis tobillos. De pronto me paré y vi algo que me sorprendió.

♂ De pronto me paré, toqué el suelo levemente, abrí los ojos. Y allí había alguien que me sorprendió. 

♀ Caminé hacia él. 

♂ Caminé hacia ella. Empecé a correr.

♀ Empezó a correr y se paró a tres susurros de mí. 

♂ Le pregunté ¿quién eres?

♀ Le dije que era a quién había estado esperando todo ese tiempo. Y no me hizo falta preguntarle quién era él. 



-Ese día había en la estación dos personitas flotando encima de todos los que estábamos allí. Bailábamos para ellos una danza mortal, una danza mortal de amor, de misterio, de pasión. Dos cuerpos, de los cuales salieron dos pequeñas almas, que se entrelazaron, que se volvieron una. Alma se fue correteando escaleras arriba, mientras los cuerpos caían inertes frente a nosotros. 
Él subió escaleras arriba. 
Ella esperó en la parada del autobús.
Quién sabe si volvieron a encontrarse jamás.