Habíamos empezado con mal pie. Cosas que suelen suceder cuando nos dejamos llevar por las primeras impresiones. El caso es que me pareció una chica horrible, egoísta y engreída. Como se nota que no sabíamos lo que nos esperaba.
El mundo estaba en sus últimas. Gritaba y luchaba contra si mismo buscando el botón de autodestrucción, agitándose aquí y allá, para que los hombres simplemente se quedaran maravillados haciendo fotos. Entonces un tsunami les parecía motivo de reportaje fotográfico.
Estúpidos.
Marta me llamó porque había oído hablar de mis investigaciones. Aunque debo decir que por aquellos tiempos todos conocían mis investigaciones.
Empecé escribiendo en el periódico de mi universidad, acaparando día a día más páginas. Creando mi propio periódico informativo en internet. Blogs, páginas web. La voz corría como la pólvora y mis estudios sobre el final de la Tierra así como la conocíamos estaban en boca de todos. Pero, por lástima, en cabeza de pocos. Nadie creía en mí, pensaban que me había dejado llevar por las predicciones inútiles de los mayas, que por lo visto tenían mucho tiempo libre y buena hierba para fumar.
Pero estaban equivocados. Y Marta supo reconocer el error de todos ellos.
Yo también sabía quién era ella. Eran otros tiempos, los científicos estábamos más unidos que nunca y las conferencias se sucedían una tras otra en los congresos cada vez más habituales. La gente seguía embobada y preocupada por la mierda de crisis, pero poco querían escuchar sobre el que sería el fin de sus días. Lo que os iba diciendo, Marta también llevaba a cabo una investigación que cruzaba en muchos puntos la mía, así que decidió ver mis cartas y si nos apeteciera, supongo que trabajaríamos juntas.
Y allí estaba ella, con sus mallas negras que le marcaban todo el culo, su camiseta corta de marca, sus pendientes horribles y su peinado de Rotenmeyer. Pero lo que más odié a simple vista fue sin duda su acento tirando a británico forzadísimo debido, según decía, a sus años de estudio en el extranjero. ¿De verás ella creía que yo no había salido de España? Como si los estudios allí sirviesen para algo. Venga, por favor. Pero era nuestro primer día y todavía no tenía ganas de darle caña.
Discutimos mucho dentro del margen del respeto, y decidimos empezar a contrastar hipótesis, datos. El final de todo estaba cada vez más cerca, pero teníamos un plan B. Lástima que en ese plan sólo entráramos nosotras dos, pues supongo que algún millonetis nos hubiera hecho de oro por un solo pasaje en nuestro cohete. Pero, ¿qué coño iba a saber él de sobrevivir en el espacio?
Por suerte estuvimos a tiempo y pudimos ver lo hermosa que fue la (casi) extinción de la raza humana desde lejos. Cuánto bien había hecho el mundo consigo mismo, antes de que destrozaran también la Luna o Marte, quién sabe.
Salvé mi guitarra y mis cuatro trapos y fumándome el que deseaba que no fuera el último canuto de mi vida, le canté a mi asquerosa acompañante embarazada y con intenciones de fecundarme si encontrásemos refugio:
-Adiós a aquellas nubes grises que tapaban al Sol y estaba triste.
Adéu, no lo echaré de menos. Hemos quitado todo ese veneno.
Y ahora sí, tenemos todo el cielo para empezar de cero.
Rompiendo las tormentas y relámpagos que siempre caen tan cerca de aquí(...)
-No puedo vivir sin ti.
ResponElimina-Sí puedes.
-Sí, pero no quiero.
E aquí mi entrega... soy lo que soy y si estás enamorado, difícil es ser un masoquista de cuidado...
¿Y esta canción? ¿Y este brillante escrito? ¿De dónde has salido tú, por favor? <3