♂ El autobús había arrancado y yo me había quedado perplejo. Como un tonto en medio de la marea de gente que me empujaba aquí y allá pero no conseguía moverme de allí donde me había parado. Había intentado esbozar una sonrisa, que había conseguido aparecer tímidamente en la comisura de mis labios, pero se había ido pudriendo a base de segundos, de instantes. Se había podrido con el humo que dejó el autobús al arrancar. No tenía frío, ni calor. No pensaba en nada. Por un momento me sentí budista en el estado más elevado del éxtasis, del nirvana. Pero era un nirvana sucio y tenue que mucho distaba de la felicidad absoluta.
♀ Tenía que bajar de ese autobús, fuera como fuese. Me levanté de un salto recuperando así mi cuerpo toda su vitalidad, la señora que tenía delante se asustó por mi efusividad. Sin darme cuenta había empezado a reírme, y lo hacía con ganas, como una niña pequeña que ha roto un jarrón y lo esconde bajo su cama para que los monstruos se corten. Le di al botón de STOP rojo más cercano que tenía y me dirigí a la puerta trasera para salir de ahí antes que nadie, rezando porque ese chico no se hubiera ido de la estación.
♂ No terminaba de tocar con los pies en el suelo, había empezado a elevarme por encima de todas aquellas cabezas que corrían a mi alrededor, como en una danza mortal, y mi pecho estallaba de no respirar. Los párpados caían y los zapatos se habían desprendido de mis pies.
♀ Empecé a correr recordando viejos tiempos, recordando aquellas carreras que había ganado en el colegio de pequeña, dosificando el aire de mis pulmones, sintiendo fuego en mis tobillos. De pronto me paré y vi algo que me sorprendió.
♂ De pronto me paré, toqué el suelo levemente, abrí los ojos. Y allí había alguien que me sorprendió.
♀ Caminé hacia él.
♂ Caminé hacia ella. Empecé a correr.
♀ Empezó a correr y se paró a tres susurros de mí.
♂ Le pregunté ¿quién eres?
♀ Le dije que era a quién había estado esperando todo ese tiempo. Y no me hizo falta preguntarle quién era él.
-Ese día había en la estación dos personitas flotando encima de todos los que estábamos allí. Bailábamos para ellos una danza mortal, una danza mortal de amor, de misterio, de pasión. Dos cuerpos, de los cuales salieron dos pequeñas almas, que se entrelazaron, que se volvieron una. Alma se fue correteando escaleras arriba, mientras los cuerpos caían inertes frente a nosotros.
Él subió escaleras arriba.
Ella esperó en la parada del autobús.
Quién sabe si volvieron a encontrarse jamás.

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