Supongo que hay días de todos los colores. Tras el maravilloso verde lima de ayer, hoy me ha tocado pintar el lunes de un lila apagado que no me gusta nada. No ha sido por nada en especial, pero casi ha sido nada más levantarme cuando he decidido sacar ese color tan feo a pasear. A deslucir mi sonrisa y a sorprender a aquellos que me aprecian con mi raro humor.
Pequeños destellos han intentado alumbrar mi día, y he de ser franca diciendo que no he estado para nada abierta a ellos. Me he refugiado detrás de un "mañana me irá mejor" y he dejado que el día se fuese consumiendo como una barra de incienso.
Ha sido uno de estos días en los que piensas en lo que tienes y en lo que no, en lo que sientes, en lo que necesitas y nadie sabe cómo dártelo. Estos días en los que parece que la ropa no nos sienta bien y que los perros de todas las calles nos gruñen intentando mordernos.
Es curiosa, me permito cambiar de tema, la necesidad que siento de escribir los días en los que no estoy tan bien.
Escuchando hablar sobre Mill el filósofo, me he dado cuenta de que la naturaleza social de los humanos es un hecho. Es esa que nos hace correr a animar a un compañero desanimado el día que nosotros estamos contentos. La misma que nos hace alejarnos de todo en nuestros días no tan buenos para no contagiar a nadie nuestro raro humor (que no malo).
Y yo cuando me alejo me siento sola. Más bien me siento conmigo misma y sé que puedo confiar en mí, que no todo está perdido. Confiar en que estoy bien. Y mi manera de hablar conmigo es escribiendo.
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