dissabte, 28 d’abril del 2012

Universos Infinitos y sus infinitas explicaciones.

El frío polar calaba mis huesos y, aunque aquel día no me había olvidado las llaves en casa, no iba a entrar todavía. Había ajustado la puerta para que Nimán entrara en casa cuando quisiera entrar en calor, pero por el momento permanecía tranquilo en mi regazo. Acerqué una manta y me la puse sobre los hombros, los guantes gruesos reducían mi sensibilidad pero aun y así intentaba pasar las páginas de ese libro que me sabía de memoria, aquel que escribieron para mí hacía ya mucho tiempo.


La escritora era una chica especial, sin duda alguna. Morena, con el pelo que apenas le rozaba los hombros, escondida tras unas gafas de pasta de época. Demasiado tímida. El viento descubría sus tobillos cuando hacía bailar su falda, su bolsa de mano escondía sus secretos, esos que yo iba a descubrir con un poco de tiempo y confianza.


Al lado izquierdo de mi balancín descansaban, en el suelo, aquellos otros libros que seguían al que tenía entre las manos. Aquellos que clasificaban mis estudios particulares, en los que había trabajado gran parte de mi vida, para poder entender ese único ejemplar: Universos Infinitos.
En él, un chico (que incluso había llegado a interpretar que podía ser yo) se perdía en montones de universos paralelos, en noches fugaces y días extraños. Pero había un mensaje entre líneas que me era imposible descifrar.

Yo había conseguido tomar fotos de rincones de diversos universos, del cielo, de los animales y de los árboles, pero no había encontrado nada a lo que agarrarme para poder entender el qué de esos universos. ¿Por qué Infinitos? ¿Es que existe el infinito? ¿Qué rayos querría ella?


Ella, tan fugaz como era. Entró en mi vida y del mismo modo se fue, dejando ese libro entre mis cosas y un montón de dudas en mi cabeza. No sé qué diablos querría ella que hiciese con su novela, pero si su intención era inquietarme, lo había conseguido con creces.


Nadie, nunca nadie. Nadie excepto ella había conseguido mandarme al espacio sin billete de vuelta y devolverme a la tierra con un chasquido de dedos. 
Con un rozar de sus palabras.
Con un ir y venir en mis recuerdos, su perfume suave. 
Con un maullido de Nimán, que me avisaba que había llegado la primavera y que, para colmo, se me había vuelto a enfriar el té.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada