dissabte, 11 d’abril del 2015

¿Qué, sinó?

Vienen los colores pastel sin saber que me encantan estos colores. La calle no huele diferente, para qué te iba a mentir (?!), pero los colores han cambiado. No sabes las ganas que tengo de que vuelvas a verlos, algún día. Son esos colores tímidos, que se acercan y se dejar oler - aunque como te he dicho, no huelen diferente, ni siquiera huelen a nada - y te dejan con su no olor para todo el día.

Acecha la noche y se los lleva, ellos hacen como que no se quieren ir y se vuelven a mirarte justo antes de desaparecer, como solías hacer cuando te marchabas riendo calle abajo, justo antes de doblar la esquina. También ellos dejan su rastro y yo corro para alcanzarles siempre, siempre de verdad, pero es demasiado tarde, o demasiado lejos, o demasiado oscuro, o demasiado triste, es demasiado.

Nunca recuerdo que a la mañana siguiente regresan, Papá Sol los trae de la mano, y golpean a mi ventana como si nada hubiera pasado. Me encuentran inevitablemente con los ojos cerrados por el cansancio de aporrear la puerta de mis recuerdos sin poder entrar. Me encuentran inevitablemente temblando por haber olvidado el manto de las caricias. Me encuentran inevitablemente con los sueños desordenados y con toda una tribu de pesadillas rodeando mi almohada.

Pero me encuentran. De verdad que me encuentran. Me preguntan si sigo escriviviendo y yo me pregunto...

divendres, 7 de novembre del 2014

Lo que no es

Y no será jamás, es lo único que quisiéramos valorar. Palabras como volar, como soñar, como otras cosas que no haremos. Como escrivivir. Nadie nos ha enseñado a inventar palabras, no sé por qué será. Será que quieren hacernos creer que todo está inventado? Puede que sí, o puede que no. quién sabe. A lo mejor vamos a aprender a leer camisetas o anuncios publicitarios. Algún día nuestros hijos serán la mejor promoción de nuestras vidas.
A lo mejor llegará un día en que la educación no se cuele en mis ideas.
Ni en empezar bien, ni en no empezar.
En dejarnos llevar.

Hay alguien que se rie al otro lado de la mesa, preguntando por no sé quién para no sé qué. Para empezar. Bien. Empezar bien. Bien es empezar. Qué bien empezar. Pues no le veo la gracia.

Podría escribir lunes o martes, sólo escribo deprisa para evitar esos ruidos que no me interesan. Nadie sabe qué digo, qué pienso, qué pretendo.






¿Y QUÉ?

dimarts, 4 de novembre del 2014

en el esófago

No he dicho a nadie que me han vuelto a salir ronchas rojas, que me pican los codos y la nuca. No sé si del estrés o de la alergia a la tristeza.
Siempre hay alguien con quien poder hablar, pero no siempre nos escucha es quien queremos que nos escuche.
Quiero estar en casa o marcharme del país, poder actuar coherentemente a mi espiritu radical. No puedo a medias, soy todo o nada. No sé si puedo ni quiero. Y no necesito que nadie me diga dónde guardo el dolor.

divendres, 27 de juny del 2014

Yo sí.

Los artistas, véanse músicos, pintores, fotógrafos, ilustradores, suelen trabajar fijándose en los demás. Algo les evoca a ser artistas, algo que han visto, que han sentido, que han oído. Aunque muchos lo piensen, creo que no viene de fábrica. Lo que sí que viene de fábrica es esa curiosidad de la mano de la necesidad de explicar, constatar, reflejar, recordar, plasmar, aquellos detalles que ellos sí han conseguido ver.

Y nos los regalan.

Lo hacen con una sutileza y una delicadez que muchas veces no somos conscientes de ese regalo. También pienso que ese mismo halo que los envuelve hace que otros artistas no se fijen en ellos. Un pintor no dibuja un fotógrafo, que no retrata a un músico, que no canta sobre un ilustrador. 

Están tan preocupados, anonadados, obcecados, atentos, por las vidas ajenas, que a veces pierden hasta su propia identidad. Que no os sorprenda entonces encontrar auto-descripciones, canciones dedicadas a uno mismo, autoretratos, self-portraits. A veces, sólo a veces, necesitan recordar quiénes son.

Y los demás, ¿lo necesitamos?

dimecres, 2 d’abril del 2014

Creencias.

La reverberación del sonido le retornaba revolviéndole las tripas. No podía evitar gritarse de esa forma cuando no encontraba la salida. Creía saber que ahí pasaba algo extraño. Pero, ei, creía. El éxtasis del mundo lejano se convertía en murmullo y le llegaba en forma de sollozo. ¿Qué podía hacer ante aquello su olvido demediado? Para su mayor asombro, se había quedado sin recuerdos. Ni los buenos, que se dedicaba a olvidar el olvido malo; ni los malos, a los que el olvido bueno había hecho lo que debía con gran esmero.

Ante eso, ¿qué hacer? Soportar la santa reverberación, el eco eterno de las palabras que nunca diría. Ante eso, ¿qué hacer? Susurrar las poesías que no entonaría. Coger sus no cosas, e irse lejos. Comenzar una nueva etapa y suprimir el inventario emocional que creía tener. Pero, ei, creía. Iba a hacer de su cuerpo su templo. Inquebrantable, impenetrable. Retozaría con personas de todos los continentes para pedirles que le escribieran "miedo" en la espalda, en todos los idiomas del mundo. Cuando no cupieran más "miedos", sería libre de decidir qué hacer con ellos, si arañarlos, morderlos, tacharlos, arrancarlos. Creía que así podría eliminar cualquier miedo de la faz de su Tierra. Pero, ei. Aunque qué haría no le preocupaba en ese momento. 

Se desnudaría ante el viento al ritmo de sus no latidos, creyendo ver su interior. Se hablaría en el lenguaje de los animales salvajes, haría el nido en la copa de un árbol. Y todo eso sin salir de la habitación de hotel, que en nada se asemejaba a la podredumbre de sus visiones.