dimarts, 4 de novembre del 2014

en el esófago

No he dicho a nadie que me han vuelto a salir ronchas rojas, que me pican los codos y la nuca. No sé si del estrés o de la alergia a la tristeza.
Siempre hay alguien con quien poder hablar, pero no siempre nos escucha es quien queremos que nos escuche.
Quiero estar en casa o marcharme del país, poder actuar coherentemente a mi espiritu radical. No puedo a medias, soy todo o nada. No sé si puedo ni quiero. Y no necesito que nadie me diga dónde guardo el dolor.

divendres, 27 de juny del 2014

Yo sí.

Los artistas, véanse músicos, pintores, fotógrafos, ilustradores, suelen trabajar fijándose en los demás. Algo les evoca a ser artistas, algo que han visto, que han sentido, que han oído. Aunque muchos lo piensen, creo que no viene de fábrica. Lo que sí que viene de fábrica es esa curiosidad de la mano de la necesidad de explicar, constatar, reflejar, recordar, plasmar, aquellos detalles que ellos sí han conseguido ver.

Y nos los regalan.

Lo hacen con una sutileza y una delicadez que muchas veces no somos conscientes de ese regalo. También pienso que ese mismo halo que los envuelve hace que otros artistas no se fijen en ellos. Un pintor no dibuja un fotógrafo, que no retrata a un músico, que no canta sobre un ilustrador. 

Están tan preocupados, anonadados, obcecados, atentos, por las vidas ajenas, que a veces pierden hasta su propia identidad. Que no os sorprenda entonces encontrar auto-descripciones, canciones dedicadas a uno mismo, autoretratos, self-portraits. A veces, sólo a veces, necesitan recordar quiénes son.

Y los demás, ¿lo necesitamos?

dimecres, 2 d’abril del 2014

Creencias.

La reverberación del sonido le retornaba revolviéndole las tripas. No podía evitar gritarse de esa forma cuando no encontraba la salida. Creía saber que ahí pasaba algo extraño. Pero, ei, creía. El éxtasis del mundo lejano se convertía en murmullo y le llegaba en forma de sollozo. ¿Qué podía hacer ante aquello su olvido demediado? Para su mayor asombro, se había quedado sin recuerdos. Ni los buenos, que se dedicaba a olvidar el olvido malo; ni los malos, a los que el olvido bueno había hecho lo que debía con gran esmero.

Ante eso, ¿qué hacer? Soportar la santa reverberación, el eco eterno de las palabras que nunca diría. Ante eso, ¿qué hacer? Susurrar las poesías que no entonaría. Coger sus no cosas, e irse lejos. Comenzar una nueva etapa y suprimir el inventario emocional que creía tener. Pero, ei, creía. Iba a hacer de su cuerpo su templo. Inquebrantable, impenetrable. Retozaría con personas de todos los continentes para pedirles que le escribieran "miedo" en la espalda, en todos los idiomas del mundo. Cuando no cupieran más "miedos", sería libre de decidir qué hacer con ellos, si arañarlos, morderlos, tacharlos, arrancarlos. Creía que así podría eliminar cualquier miedo de la faz de su Tierra. Pero, ei. Aunque qué haría no le preocupaba en ese momento. 

Se desnudaría ante el viento al ritmo de sus no latidos, creyendo ver su interior. Se hablaría en el lenguaje de los animales salvajes, haría el nido en la copa de un árbol. Y todo eso sin salir de la habitación de hotel, que en nada se asemejaba a la podredumbre de sus visiones.

dimecres, 12 de març del 2014

O puede que no.

Se aprieta los ojos tan fuerte que aparecen chiribitas entre tanto negro. ¿Es la creación del universo? No, sólo una chica que no quiere llorar. ¿O sí? No lo sabe, así que no puedo deciros con certeza que va a hacer. El pelo le cae hacia adelante una vez más, acariciando su nuca, aunque parece no darse cuenta. Las gafas se le han caído por inercia, y las mejillas sonrosadas brillan como un día de sol de Marzo, como este día.

Al principio no piensa en nada, pero poco a poco va pensando cosas, cada vez más cosas, hasta que tiene tantas en la cabeza que Ahhhhhhhhhh, lanza un medio chillido-medio suspiro. Y entonces vuelve a no pensar en nada.

Creo que se está incorporando, despacio, y recupera sus gafas de quién sabe dónde habían caído. Limpia los cristales y se acerca al ordenador. ¿A ordenarse las ideas? Puede que sí.

dimecres, 5 de març del 2014

Cosimo visita el distrito 12.

Me gustan las visitas, sobretodo las inesperadas.

Después de quedar cautivada con el primer film en la gran pantalla, después de ver el anuncio por la televisión y rogarle a alguien que me acompañara (porque me gusta el cine, pero más en compañía), después del suspiro sostenido en la gran sala... necesitaba ser esa historia. 

Tenerla, tocarla, vivirla por mí misma. Sentir cómo hacía los personajes míos y sólo míos, y jugar a ser egoísta y a mezclarlos en mis sueños, como soñaba que nunca iba a pasar en esas páginas. A veces me gusta hacer eso, e ir adelante y hacia atrás, para volver a ir adelante y luego hacia atrás. Revivir aquello que ya viví, y experimentarlo de maneras distintas, con enfoques distintos. Es el mejor trabajo de empatía que se pueda hacer jamás.

Pero la cosa no se quedó ahí, vinieron sus hermanos menores, enormes también, y me dediqué a despedazarlos y a devorarlos con dulzura, como una viuda negra saboreando al macho con el que acaba de copular. Porque así me sentía yo. 

Y hubo más, la segunda película, dejándome sosegada y hecha un manojo de nervios a partes iguales, aun sabiendo qué iba a pasar incluso en la siguiente. 


Y ahora esto. COSIMO VISITA EL DISTRITO 12. ¿Cómo se come eso? ¿Cómo digerir? Alguien importante me ha traído el próximo macho en bandeja, y yo no voy a ser quién para dejarlo escapar. Que no haya estado nunca en ningún club de lectura sólo significa que va a ser mi primera visita a uno de ellos, y ya sabéis que a mí las visitas, sobretodo las inesperadas, me encantan.