Después de quedar cautivada con el primer film en la gran pantalla, después de ver el anuncio por la televisión y rogarle a alguien que me acompañara (porque me gusta el cine, pero más en compañía), después del suspiro sostenido en la gran sala... necesitaba ser esa historia.
Tenerla, tocarla, vivirla por mí misma. Sentir cómo hacía los personajes míos y sólo míos, y jugar a ser egoísta y a mezclarlos en mis sueños, como soñaba que nunca iba a pasar en esas páginas. A veces me gusta hacer eso, e ir adelante y hacia atrás, para volver a ir adelante y luego hacia atrás. Revivir aquello que ya viví, y experimentarlo de maneras distintas, con enfoques distintos. Es el mejor trabajo de empatía que se pueda hacer jamás.
Pero la cosa no se quedó ahí, vinieron sus hermanos menores, enormes también, y me dediqué a despedazarlos y a devorarlos con dulzura, como una viuda negra saboreando al macho con el que acaba de copular. Porque así me sentía yo.
Y hubo más, la segunda película, dejándome sosegada y hecha un manojo de nervios a partes iguales, aun sabiendo qué iba a pasar incluso en la siguiente.
Y ahora esto. COSIMO VISITA EL DISTRITO 12. ¿Cómo se come eso? ¿Cómo digerir? Alguien importante me ha traído el próximo macho en bandeja, y yo no voy a ser quién para dejarlo escapar. Que no haya estado nunca en ningún club de lectura sólo significa que va a ser mi primera visita a uno de ellos, y ya sabéis que a mí las visitas, sobretodo las inesperadas, me encantan.
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