Volver no significa volver atrás. Eso es más que imposible. Ni queriendo podemos hacerlo.
El pasar de los días se asemeja a la lectura dulce y cariñosa de un libro cualquiera. Empieza a trompicones, con ciertas expectativas, y avanza lentamente. El reloj no se detiene aunque a veces parece cambiar su ritmo por placer, entonces la lectura se vuelve rápida y feroz, calmada y sensible. Descompasada. Cada descubrimiento en la vida real se ve acompañado de la débil e impasible fuerza de la que está dotada el libro.
Vivir dos historias a la vez. Una sobre ti, con tu nombre, y otra que te ha rebautizado para hacerte sentir lo que por el momento todavía queda lejos. Hacer tuyas todas esas experiencias. Aprender como el que más con la facilidad de un niño libre.
A fin de cuentas, quizás no era un libro cualquiera. Y termina justo cuando termina tu historia. Solo entonces sabes que ha llegado la hora de volver... a casa?
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