"Somos el tiempo que nos queda". Somos nuestra caligrafía, nuestras muletillas, nuestras arrugas al reírnos. Somos nuestros dientes, nos gusten o no, y la manera en que cogemos el lápiz para escribir. Somos nuestros sueños, los cumplidos y los muy difíciles de cumplir. Somos nuestros pros y nuestros contras, nuestros más y nuestros menos. Somos lo que éramos, lo que somos y lo que seremos. Somos nuestro vaso de leche antes de ir a dormir y nuestros pies fríos. Somos contradicción. Somos fluir y nos estancamos. Somos aquellos a los que queremos y por qué los queremos. Somos nuestra familia. "Somos el resultado de todo lo que hemos vivido". Somos nuestra película favorita y todas aquellas que jamás veremos, los insultos en todos los idiomas que conocemos, el sofá de casa. Somos nuestro oficio y somos nuestra niñez. Somos incansables que necesitan un respiro, somos valientes que piden superhéroes. Somos lo que nos asusta, somos lo que nos hace valientes. Somos nuestros tics molestos y somos el que está al otro lado del espejo. Somos nosotros cuando nos quejamos, cuando perdonamos, cuando no nos salen las palabras. Somos nuestras lágrimas, nuestras uñas, nuestra fragilidad. Somos estanque y fluimos. Somos todo corazón o todo envidia, pero somos nosotros en ambas ocasiones. Somos lo que no queremos ser y a la vez lo que deseamos. Somos los abrazos que nos gustan, las miradas de reojo, nuestro sitio en el transporte público. Somos horarios sin reloj, somos naturaleza. Somos casi nunca. Somos todo el rato. Somos una persona diferente a cada segundo. Somos lo que pensamos. Somos lo que creemos.
Somos y nos queremos. Somos sin preocupaciones. Somos, en esencia, sin miedo, y nos da igual pensar en quién seremos al cabo de un minuto, pues para cuando llegue el momento habremos sido sesenta personas distintas.
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