Desnúdame tarde
como las palabras prestadas
precipitándose al vacío
intempestuosas de ser esdrújulas.
Desnúdame lento
como el que no sabe qué dice
y se embrolla solo
por los jardines que ya no son.
Desnúdame fuerte
como quiere el rompeolas
-que para algo me pusieron-
a la luz de la luna.
Desnúdame.
Desde la D al punto y final.
Desnúdame.
Sin olvidarte la tilde.
O desnúdame como quieras.
Pero desnúdame.
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