Es curioso como las mejores ideas aparecen en las noches que no tienes sueño, pero justamente cuando ya estás metidita en tu cama y bien tapada hasta las orejas. Cuando has encontrado la postura perfecta, mil ideas invaden tu mente como si de flashes se tratara. Eso mismo me pasó anoche. Empecé a visualizar una película un tanto extraña donde yo estaba en mi pupitre escribiendo, como antaño, y entonces la cámara de mi pequeña película empezó a usar un extra zoom que reflejó dentro de las letras, cada vez más grandes, dibujitos y formas animadas.
Ahí empezaba lo bueno.
Dos bebés abandonados a los pies de un orfanato chino. Un niño y una niña que crecían entre pequeñeces, corazones estrechos y reglas muy estrictas. Dos hermanos que escaparon a medias del orfanato con un señor europeo ya un poco mayor.
Llegan los tres a España, el señor tiene en un hotel. Los chicos aprenden enseguida el oficio y se interesan por el amor que aquel hombre les brinda. Los chicos calientan las camas de los clientes cuando hace frío, para que se acuesten entre sábanas calentitas. Luego, cuando todos están acostados, se retiran a su dormitorio y duermen entre las sábanas que su nuevo papá ha calentado para ellos.
Y todo junto crea un ambiente de amor, respeto y magia digno de una novela de "largo alcance".
Y pienso, ¡ai! si tuviera tiempo.
Y caigo en que voy a sacar ese tiempo de donde sea. Y voy a traerte este cuento. A ti.
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