dijous, 26 de juliol del 2012

Hoy es el día.

Justo pasan las doce, pero Daniela se resiste a meterse en la cama.

Espera un cuento que no llega, una caricia que tampoco, y triste recuerda lo mal que se ha portado hoy a la hora de la siesta. Pero si por la tarde ya no he ido a la piscina, piensa. Pero Daniela no sabe que su castigo va más allá. Consigue dormirse después de mucho llorar y se levanta con los primeros rayos de sol que se cuelan por su ventana, con los ojos hinchados y enrojecidos. Molesta y silenciosa se pasea por la casa. Intenta adivinar la hora que es, pero la abuela le contó que en verano el sol sale muy temprano cada día, así que puede que sus papás estén durmiendo todavía y que vuelva a quedarse sin piscina si se atreve a despertarlos.

Daniela se sienta en el sofá procurando no hacer ruido. Se aguanta el hambre de león que acostumbra a tener por las mañanas, así como el pipí, y lo hace hasta límites insospechados. Aguanta mucho, hasta que se lo hace encima. Con un nudo en la garganta y mucho afán por hacerlo bien, limpia el suelo que ha manchado y tiende su ropita mojada sobre una silla del comedor. Alcanza también unas galletas del único armario accesible. Se las come en silencio y sin hacer migas, mamá estaría orgullosa si la viera, parece una niña mayor. Tiene ganas de despertarla y enseñarle lo bien que se ha portado. Pero no lo hace. Pasan las horas.

Daniela va al cuarto a dibujar. Pasan las horas y sigue procurando que no se le caiga ni un solo lápiz de colores en el suelo. Y lo consigue. Aburrida ya, cree que no puede aguantar más sola en la habitación y justo llaman a la puerta. ¡¿Qué hago?! Daniela sabe muy bien que no debe abrir la puerta a los desconocidos, pero papá y mamá duermen, y una señora la está llamando por su nombre al otro lado de la puerta. Pero Daniela sabe lo que tiene que hacer y espera sentadita y muy prudente frente a la puerta de la habitación de papá y mamá.

Daniela está nerviosa. No deja de oír su nombre tras la puerta. Le tiemblan los labios. Mamá, despierta por favor. Por sus mejillas juegan a las carreras lágrimas de pánico.

No sé da cuenta y ya está en brazos de la abuela, que llora desconsolada abrazándola demasiado fuerte. Tanto que le duele. Alguien comenta algo como ...pobre niña, con lo pequeña que es de fondo. Daniela no entiende qué está pasando, pero abre la puerta de la habitación de sus papás y ahí no hay nadie. Daniela pregunta en voz bajita a su abuela, que no puede responder ahogada en un mar de lágrimas. Daniela, cansada y nerviosa vuelve a preguntar, ahora a pleno pulmón, dónde están papá y mamá.

Y obtiene una única, concisa y brutal respuesta: papá y mamá ya no están, se han ido para no volver.

1 comentari:

  1. Casi ploro, si continués llegint poc em faltaria. La veritat és que a mesura que passen els anys no perds aquesta personalitat d'escriptora innata, de Nerea que seràs tota la vida. I m'agrada. Aconsegueixes posar-me els pèls de punta i avançar la meva mirada abans que els minuts. Encara estic enamorada dels teus escrits, per poc que en facis, sempre els estaré esperant a l'altre cantó de la pantalla o amb el teu llibre a les mans.
    Com va la vida?
    PD: 22:22! Increïble...

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