dilluns, 7 de maig del 2012

Yo siempre tengo tus colores preferidos.

Bailábamos como si no hubiese mañana en esa noche sin luna. Bailábamos por toda la ciudad. Pintábamos las calles al compás de nuestros latidos, y nuestros sueños despiertos se colaban silenciosos por las ventanas ajenas.
Casi no había nadie en pie a esas horas y eso lo hacía todo aun más mágico. Cada farola era un árbol caído que un buen día ayudamos a poner en pie, cada banco un río de agua cristalina, cada fuente un puente y por encima de todo, nosotros.
No existió nunca nada en el mundo tan bonito como aquello que vivía aquellas noches de descontrol y de encuentros con el ritmo. Él me decía que no debía preocuparme, que no era un chico raro por andar con él a esas horas, por esas calles. Me dijo que me había elegido y que él siempre había estado dentro de mí. Me dijo:
-Co, yo siempre tengo tus colores preferidos.
Y me alcanzaba un micro despacio.

El espacio empequeñecía a mis pies, era el principito hecho rey.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada