Bailábamos como si no hubiese mañana en esa noche sin luna. Bailábamos por toda la ciudad. Pintábamos las calles al compás de nuestros latidos, y nuestros sueños despiertos se colaban silenciosos por las ventanas ajenas.
Casi no había nadie en pie a esas horas y eso lo hacía todo aun más mágico. Cada farola era un árbol caído que un buen día ayudamos a poner en pie, cada banco un río de agua cristalina, cada fuente un puente y por encima de todo, nosotros.
No existió nunca nada en el mundo tan bonito como aquello que vivía aquellas noches de descontrol y de encuentros con el ritmo. Él me decía que no debía preocuparme, que no era un chico raro por andar con él a esas horas, por esas calles. Me dijo que me había elegido y que él siempre había estado dentro de mí. Me dijo:
-Co, yo siempre tengo tus colores preferidos.
Y me alcanzaba un micro despacio.
El espacio empequeñecía a mis pies, era el principito hecho rey.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada