Solo entonces te das cuenta de las cosas. Cuando estas apunto de caer en el abismo, al borde del precipicio que tu mismo has construido. Y aunque haya mil y una salidas, no encuentras ninguna. En ese instante no sabes reaccionar. El cerebro se vuelve lento, cada vez más lento, la sangre deja de correr por tus venas y algo se rompe en tu esófago.
El esófago, el punto neurálgico del cuerpo humano. Más importante que cualquier otro. Que las manos, que el corazón, que el cerebelo (que nos aporta todo menos equilibrio). Ahí, justamente, es dónde se puede formar una bola gigante, un nudo que te impide hablar, respirar. Nada entra, ni sale.
Hay gente con tendencia a provocarnos esa sensación.
Hay situaciones con tendencia a provocarnos esa sensación.
Y, por encima de todo, esta el reloj que para el tiempo para que la caida precipicio abajo pueda ser visualizada a camara lenta.

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